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Rapuncel.

Enviado por Patricia Romero Ley el 16/06/2009 a las 12:11 PM
Patricia Romero Ley

 

   En un lejano país vivía un matrimonio que deseaba con todas sus fuerzas tener un hijo.

   Un día, la mujer estaba en rl jardín y vio unos hermosos duraznos en el patio vecino. Se le hizo agua la boca y le pidió a su marido que le trajera algunos.

   Este fue en busca de los duraznos. Pero de repente oyó un grito.

   - ¡Ladrón! Te estas llevando mis duraznos. - Era la vecina, una bruja muy mala.

   - Los he tomado por necesidad. Es un deseo de mi mujer que está delicada. -

   - Esta bien, te puedes llevar los que quieras, pero has de prometerme, que si tienen un hijo, me lo entregarás al nacer. -

   El hombre accedió, pensando que nunca tendrían un hijo. Sin embargo, al poco tiempo les nació una hermosa niña a la que llamaron Rapuncel. La bruja cumplió su promesa y se la llevó dejando a sus padres con una gran tristeza.

   Pasó el tiempo y Rapuncel se convirtió en una bella joven con una preciosa cabellera rubia, muy larga, porque no se la había cortado jamás y como era tan hermosa, la bruja la encerró en una torre, para que nadie la viera.

   De vez en cuando le gritaba:

   - ¡Rapuncel! Niña hechicera, lánzame tu cabellera. -

   Rapuncel al escucharla lanzaba su cabellera y la bruja subía por ella.

  

   Un día en que esto sucedía, pasó por allí el hijo del Rey y vio y escuchó todo.

   Al día siguiente, el príncipe esperó que se fuera la bruja, se acercó a la torre y gritó:

   - ¡Rapuncel! Niña hechicera, lánzame tu cabellera. -

   Rapuncel algo extrañada, obedeció la orden. El príncipe subió y le prometió sacarla de allí.

   Esa noche, la bruja volvió a subir por la cabellera de Rapuncel y la joven le preguntó:

   - ¿Por qué el príncipe pesa menos que tú? -

   - ¿Cómo es que conoces al príncipe? - Preguntó muy enojada. Ya no lo volverás a ver. Dicho esto, tomó unas tijeras y le cortó su larga y hermosa cabellera.

   Cuando el príncipe regresó, la bruja tenía todo preparado, dejó que y cuando iba a la mitad, la malvada bruja soltó la cabellera y el pobre cayó sobre unos espinos y quedó ciego.

   El príncipe vagó por mucho tiempo, hasta que llegó al desierto donde la bruja había desterrado a Rapuncel. Al verlo, lloró tanto que algunas de sus lágrimas cayeron sobre los ojos del joven, curándole así de su ceguera. Entonces se abrazaron llenos de alegría. Desde ese día vivieron felices para siempre.

 

                                          FIN.

 

 

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